¡Sonríe!

Somos felices:

Entre un carpe diem y una seguridad que se nos antoja placentera. No existe ningún deseo que vaya más allá de la realidad ofrecida, así estamos bien, todo a nuestro alcance.

Vivimos completamente adaptados, aceptados por nuestros iguales y la sociedad. No tenemos razones lógicas para volvernos en contra de la madre patria que nos da de comer. Cada uno de nosotros es válido para estar aquí, en la parte rica, la sociedad avanzada y desarrollada.

Es absolutamente absurdo pensar en cosas que vayan más allá de lo práctico y útil para nosotros y los demás. Tenemos muy claro lo que está bien y lo que está mal, el sistema funciona porque nosotros seguimos dentro de él.

Puede que nos quejemos, con un pequeño susurro o con una pataleta pueril que roza lo exacerbado. Mas nuestra realidad, entre algodones, es realmente confortable.

No pensemos que esta existencia en el ombligo del mundo es gratis. Ya nada es gratis, solamente tienes que devolverle lo que ella te ofrece. Un quid pro quo realmente beneficioso para ti: luchar por cumplir tus sueños.

 

Esto último es realmente sencillo:

Tienes o tendrás una casa, tuya, de tu propiedad, tardarás quizás muchos años en terminar de pagarla, pero es tuya. ¡No sabes lo afortunado que eres! Lo valioso que eres aquí dentro. Y si eres uno de los que todavía sueña con tener ese pisito que solo cuesta unos miles, seguro que estás en camino de conseguirlo, ¡ánimo! Tendrás un lugar en el que puedas vivir el resto de tu vida, de la que seguro, no has vivido la mitad.

Tienes un trabajo, quizá no sea con el que siempre soñaste pero bastante parecido a lo que ese niño inconsciente quería. O puedes tener uno que te aporta nada, para ir tirando los ocho años que llevas en él, no está nada mal; tienes lo más importante en tu vida, un empleo. El problema es si no lo tienes, no mereces estar con nosotros; deberías sentirte inútil, vago y un parásito. Ahora mismo, no vales para nada.

Tienes esas cosas en tu escritorio, tu armario, tu bolsillo o tu salón que hacen que nos igualemos con los demás; ¿qué demás? No lo sabemos, pero necesitamos y soñamos con tener esas cosas en nuestras manos.

No hay que olvidar, a tu media naranja. Esa persona que te completa, sin ella no eres nada. Con la que salir a pasear y vivir ese amor de película en el que los domingos en el sofá es más de lo que pudiste soñar.

 

Esta, en mayor o menor medida, es nuestra vida, la de todos.

Y cuando lleguemos al final, en una edad muy avanzada (crucemos dedos) y estemos en la cama de un hospital (crucemos más fuerte), esperando a que llegue nuestra hora, repasaremos todo esto. Y te darás cuenta de que has tenido muchas cosas en tu vida.

Espero que en ningún momento tengas una estúpida crisis existencial, en la que te plantees quién eres y quién has sido. Y si en algún momento esta idea se pasa por tus ridículas sinapsis emocionales, vuelve a leer lo de arriba.

Ahora, dime, si de verdad, tienes motivos para dejar de sonreír.

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