La puerta del bedel

Soy como el bedel que lleva en sus manos la llave del Hades.

Elijo meticulosamente cada ganzúa con la que abro tus cerraduras.

He traspasado túneles serpenteantes y oscuros: buscando, abriendo…

He registrado olvidaderos, cuevas inaccesibles.

He trepado por muros abruptos; me he despellejado las manos y las rodillas para pasar al otro lado.

He creído quedarme sin oxígeno.

Cuando más exhausto estaba, me he obligado a caminar por las calles del más complicado laberinto, para llegar a tu puerta; hice de ella mi meta.

He navegado por el Aqueronte de aquél y he cruzado el Estigia sin remos.

He errado por debajo de pieles, tratando con cuidado hasta el más insignificante nervio.

Agotado, buscando Ítaca, me dejo balancear sobre la suave marea en un barco naufragado.

Abiertas demasiadas puertas, en el fondo todo es lo mismo; al final de mi camino encontraré otro espacio vacío.

Balanceo cada clave y sigo planteando la posibilidad de seguir abriendo entradas pero todas las flechas indican la salida.

Me siento como un bedel en el umbral del Hades…

Abre tú, tus malditas puertas, deja que yo naufrague.