Erató

¡Sea aquel más desdichado cuando nunca ha sentido ese desgarrador fuego por dentro!

El que nunca ha tocado el hielo, sabiendo frío y queriendo derretirlo con un suspiro.

No ha oído la música que suena adentro al compás de un metrónomo de ritmo desconocido.

¡Maldito, malherido, cobarde! El que no se ha dejado llevar por las olas de mi viento.

Tu orgullo cae por un precipicio, paralizado, por esa desnudez que te deja visible.

Los más crueles, el más duro iceberg y la más alta de las montañas han caído de rodillas a mis pies.

El dolor de las profundas heridas que no sangran es la más dulce de las muertes. Y si me dejas moriré cien veces.

He hecho que los cobardes se vuelvan héroes, que los descarados se sonrojen. Conseguido lo imposible de lo más improbable.

Despertado a los dormidos, volviendo infantil al que sintió viejo, por fin sonrió un muerto.

Tu lógica indiscutible se queda sin premisas ante unas lágrimas que saben amargas por experimentar el momento más íntimo.

Lo platónico y lo idílico, se mezclan con una experiencia sensorial que hasta el más astuto pierde la cabeza.

Soy la magia que engrasa tus escarchados engranajes y débil como la llama de esta vela.

¿Cómo puedes atreverte a decir que es malo aquello que nos hace?

¿Cómo puedes decirme que pare lo que nos mueve?

Me río ante tu sólido razonamiento, esto va más allá de tu empírico sentido.

Deja de balancearme con tu absurda pluma de avestruz o perderás este juicio ante Osiris.

La locura me acompaña a cada paso por la vertical de tu neura, en esta parodia de caballero andante.

Una de tantas veces… Que siento el pulso.

Una de tantas veces que seguiré adelante.

Una de tantas veces… Que quieres que vuelva el eco.

Llámame loco…

¡Estoy loco! ¡Pero estoy vivo!